EL ACERCAMIENTO A DIOS

Dios los bendiga amados hermanos. Es un gozo estar delante de los redimidos de Jehová. Sinceramente somos un pueblo muy privilegiado. De millones y millones de hombres, Dios nos eligió a nosotros para Vida Eterna. Sin merecerlo, solo por Su amor. No por obras, sino por Su gracia. Como dice ese precioso Canto:

 

Sublime Gracia del Señor,

Que aún infeliz salvó

Yo ciego fui, más hoy veo ya

Perdido, y Él me halló

 

¡Aleluya! ¡Aleluya! Bien, ahora vamos a tomar nuestras Biblias y leer un texto. Yo creo que todos hemos venido aquí para eso. Para alabar a Dios y para oír de Dios. Eso es lo que vemos en todo verdadero culto. Usted se habrá  dado cuenta que hay dos etapas bien marcadas. Una etapa donde el creyente adora a Dios, y le habla a Dios. Y otra etapa en donde Dios le dice. “Ya tú me has hablado, ya tu me has alabado, ahora déjame hablarte a ti”. Ese es el momento de la Palabra. Ese es el momento cuando tenemos que oír a Dios.

 

Me he topado con personas que le gusta hablar y hablar, y no le da tiempo a Ud. para hablar. Hablan tanto que Ud. tiene que decirle: “Ya has hablado mucho mi hermano,  ahora déjame hablar a mí”. Pero a muchos no les gusta eso, no les gusta que otros hablen. Ellos quieren ser los únicos en el escenario. Si hay alguno aquí con ese espíritu, tendrá que aguantarse, porque ha llegado el momento de que Dios hable, y Él no quiere interrupciones, Él quiere toda su atención. Ud. sabe, cuando el León ruge todas las fieras callan.

 

Bien, abramos nuestras Biblias en el Libro de Hebreos capitulo 9. Traigo los saludos de todos los hermanos de la Iglesia de Dios en Conde de la Vega. En nombre de todos ellos que el Señor los bendiga a cada uno de ustedes. Ciertamente por ahora estamos separados por la distancia y por el tiempo. Por eso hay un grupito en Vitarte y un grupito allá en el Cercado de Lima, otro grupito en Puente Piedra y otro grupito en Los Olivos. Usted sabe, no podemos estar al mismo tiempo en todos los lugares. Es más han habido tantos en las edades pasadas y ellos no están aquí, están descansando y esperando por nosotros. Es por esa limitación que tenemos, por esa barrera de  tiempo y espacio,  que surgen las iglesias locales. Una iglesia aquí, otra iglesia allá. Pero viene el día hermano cuando será quitada esa barrera de tiempo y espacio. Entonces habrá un solo pastor, y un solo rebaño. Entonces ya no habrá peleas entre  pastores, ni cambios de membresía, porque habrá un solo Pastor, y un solo Rebaño. ¡Bendito sea el Señor!

 

Mientras tanto, tenemos que  congregar en una iglesia local. Tenemos que tener una iglesia y un pastor aquí en la tierra que nos apaciente. Es necesario que así sea, porque es allí, en la iglesia, donde somos  alimentados y apacentados por los pastores que Jesucristo ha enviado para nuestro beneficio. Eso es lo que la Palabra de Dios enseña, y nosotros decimos Amén a eso.

 

No deje entonces de congregar, menos el día Domingo. El Domingo es un día muy especial. Un creyente  jamás debiera faltar al culto del Domingo. Faltar el Domingo es deshonrar la Resurrección de Jesucristo. El profeta enseñó que no asistir al culto del Domingo es pecado.  Recuerde, un Domingo muy de mañana Jesús se levantó de los muertos venciendo  a la muerte y al Hades. Honremos entonces la Resurrección de Jesucristo, honremos esa gran victoria que Dios nos ha dado. Personalmente puedo decir que los Domingos hay una Unción especial que baja sobre el predicador que se para en el púlpito. Yo noto que hay una Unción más fuerte ese día.  ¿Lo ha notado usted? Yo creo que es el poder de la Resurrección que se está haciendo cada vez más fuerte en nosotros.

 

Bien, tomemos nuestras Biblias en  Hebreos Capitulo 9. He titulado este mensaje: “El Acercamiento a Dios”. Hebreos Capítulo 9, versículo 1 al 5. Dice así la Palabra en el nombre de nuestro Señor Jesucristo

 

Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.

Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo,

estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

Tras el segundo velo estaba la parte del Tabernáculo llamada el Lugar Santísimo,

el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes,

 en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció,

y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio;

de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.

 

¡Que el Señor bendiga Su Santa Palabra! Tome asiento, sea reverente y preste mucha atención a la Palabra de Dios.

 

Usted sabe, allá en el Antiguo Testamento Dios habló a través de figuras y  símbolos. Y en esas figuras y símbolos Dios ocultó y encerró grandes verdades, grandes misterios. Pero cuando vino el Nuevo Testamento lo que estaba oculto  en el Antiguo (lo que estaba velado, encerrado en símbolos y figuras) fue develado, fue hecho visible.  Podemos entonces decir con toda seguridad que el Antiguo Testamento se revela en el Nuevo, y el Nuevo se oculta en el Antiguo.

 

Ahora, Dios no cambia, y Su Palabra tampoco puede cambiar porque Él es la Palabra.  Dios es inmutable. El no es como nosotros. Nosotros cambiamos, cambiamos nuestro modo de pensar, cambiamos nuestra manera de vivir.  Decimos una cosa hoy, y mañana decimos una cosa distinta y contraria. Pero Dios es Inmutable, y por ser Inmutable,  Su mente no puede cambiar, Su Palabra no puede cambiar. Por eso yo creo que no puede haber contradicción entre el Antiguo y Nuevo Testamento, como muchos andan diciendo por allí. El Antiguo y el Nuevo Testamento no  contienen  dos mensajes distintos, si así fuera Dios entonces cambiaría, pero sabemos que El no cambia, y porque no cambia, Su Palabra tampoco puede cambiar.  El Antiguo y Nuevo Testamento no contienen dos mensajes distintos. El Antiguo y Nuevo Testamento nos revelan un mismo Plan; contienen  un mismo Mensaje, y  apuntan a un mismo personaje central: El Señor Jesucristo. Aleluya.

 

Mire todas las figuras y sombras del Antiguo Testamento y verá que todas ellas nos hablan del Señor Jesucristo. Jesús mismo lo dijo: “Escudriñen las Escrituras porque ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39). Recuerde, cuando Jesús dijo esto aún no se había escrito el Nuevo Testamento, aún no se habían escritos los Evangelios, solo se hallaba el Antiguo Testamento, sin embargo Jesús le dijo a los religiosos de su día: “Escudriñen las Escrituras, lean la Palabra desde Génesis hasta Malaquías  porque todas ellas dan testimonio de mí. Adán habla de mí. Isaac habla de mí. José habla de mí. Moisés habla de mí.  Bozz habla de mí. David habla de mí. Salomón habla de mí (¡Aleluya!). El Cordero Pascual que ustedes sacrifican una vez al año habla de mí. El tabernáculo que edificaron vuestros padres en el desierto habla de mí. El maná que Dios hizo caer del cielo para alimentar a vuestros padres en el desierto habla de mí. El Sábado que a ustedes se les ordenó guardar habla de mí. Todas las Escrituras hablan de mí”. ¡Alabado sea el Señor! Todo el Antiguo Testamento habla en sombras y figuras del Señor Jesucristo.

 

Por eso el profeta tiene que decirnos que si usted lee la Biblia y no encuentra en un pasaje a Jesucristo, usted tiene que  volver a leer la Biblia. ¿Por qué? Porque toda la Biblia habla y da testimonio del Señor Jesucristo. Él es el personaje central y principal en todas las Escrituras. Jamás nadie, ni profeta ni rey, ni sacerdote puede ocupar el lugar que solo le corresponde al Señor Jesucristo.

 

Ciertamente hay otros personajes importantes en el Drama Redentivo,  pero son personajes  secundarios. Jamás ninguno de ellos podrá ocupar el lugar  del personaje principal. Y digo esto porque algunos quieren hacer de William Marriom Branham el personaje principal y central del Plan Redentivo de Dios, y sabemos que eso está errado. Algunos por ahí están viendo a William Marrion Branham como el semejante al Hijo del Hombre de Ap. 1: 13. Otros están viéndolo como el cordero inmolado de Apocalipsis 5:6. Y otros lo están viendo como el Rey de reyes y Señor de señores de Ap. 19.  Están viendo a William Marrion Branham donde debieran de ver al Señor Jesucristo. Dios tenga misericordia de ellos.

 

Han pasado por alto que Jesucristo es el personaje principal de la Biblia. Han pasado por alto que Él es el centro de la revelación bíblica. Ciertamente hallamos a otros personajes en la revelación bíblica, pero la actuación de todos ellos,  siempre ha girado en torno a la persona de Jesucristo. Vea por ejemplo a Eleazer, vea a los segadores de Bozz, vea a los valientes de David. Ellos no eran el centro de la revelación. Eleazer fue comisionado para conseguir una esposa para Isaac.  Los segadores de Bozz  tenían que dejaran caer espigas para alimentar a la amada de Bozz. Los valientes de David, al ver a su rey sediento, se enfrentaron contra toda adversidad para saciar la sed del Rey. ¿Ve? Jesucristo siempre ha sido el centro de la Revelación. El siempre ha sido el Protagonista Principal de toda la historia Bíblica,

 

Ahora bien, yo quisiera hablar en esta mañana del Acercamiento a Dios,  y mostrar como esto fue  tipificado en la manera como un israelita debía acercarse a Dios en el Antiguo Pacto. Pablo nos habló de eso en el Libro de Hebreos Capítulo 9, y de eso vamos a hablar en esta mañana. Yo estoy creyendo que Dios ungirá nuestros ojos para ver  cómo debemos acercarnos a Él. 

 

Siempre ha sido el deseo de Dios tener compañerismo con el hombre. Vaya al principio y verá como Adán tenía un compañerismo perfecto con Dios. Cada atardecer, Dios descendía, tomaba la mano de su hijo, y caminaban juntos por el Huerto. No había barreras que separaran al hombre de su intimidad con Dios. Pero vino el pecado y arruinó ese compañerismo, el hombre perdió su comunión con Dios.  Dice la Biblia que Dios echó al hombre del Huerto, y puso al oriente querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.  Pero Dios, en su amor, prometió un Redentor que abriría el camino para que el hombre volviera al Huerto de donde fue echado por causa del pecado. Ese Redentor es nuestro Señor Jesucristo. Él es aquella Simiente de la Mujer que fue prometida a la raza humana.  Él fue herido en el calcañar, en el Calvario, pero allí Cristo hirió también la cabeza la  Serpiente. Aleluya. El pecado ha sido juzgado en Cristo.  Él  camino de vuelta al Huerto del Edén ha sido abierto. Esos ángeles que impedían al hombre entrar, se han puesto a un lado, y ahora están llamando a los hombres a venir y comer del Árbol de la Vida y vivir para siempre. Aleluya.

 

Hoy el hombre puede volver al Compañerismo con Dios.  Hoy el hombre puede volver a esa unidad perfecta que tenía con Dios. La barrera del pecado ha sido rota.  Cristo con Su sangre la ha hecho pedazos. Pero  hay etapas que pasar, hay un camino que recorrer para alcanzar ese Compañerismo perdido.  Queremos hablar de eso en esta mañana.  Dios tipificó ese camino de vuelta  en la manera como un israelita se acercaba a Dios en los días de  Moisés.

 

Ud. sabe allá en esos días,  Dios tenía un Santuario Terrenal, un Tabernáculo, una Tienda donde moraba,  y este Tabernáculo se hallaba exactamente en medio de la congregación de Israel. La Biblia dice que las doce tribus acampaban alrededor del Tabernáculo. Tres tribus por el Este bajo la bandera de Judá, tres tribus por el Oeste bajo la bandera de Efraín, tres tribus por el Norte bajo la bandera de Dan, y tres tribus por el Sur bajo la bandera de Rubén. Doce Tribus en total. Y en medio de las doce tribus, se hallaba el Santuario Terrenal de Dios.

 

Así lo ordenó el Señor: “Los hijos de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, bajo las enseñas de las casas de sus padres, alrededor del tabernáculo de Reunión”. ”Luego,  irá el Tabernáculo de Reunión con el campamento de los levitas, en medio de los campamentos en el orden en que acampan” (Nm.3:2,17). ¿Qué significaba eso? Que Dios se proveyó también de una Tienda, de un Tabernáculo, para morar en medio de su pueblo. Recuerde, allá en el desierto Israel moraba en tiendas. Y Dios queriendo habitar en medio de su pueblo ordenó que se le haga también una tienda, como lugar de su morada. Dios quería tener también una tienda para habitar junto a su pueblo y mostrarles toda Su gloria, toda Su Justicia, toda Su misericordia y toda Su verdad. Dios quería una tienda como lugar de reunión, donde poder tener compañerismo con su pueblo. Por eso el Tabernáculo fue llamado también el Tabernáculo de Reunión, por que allí  Dios y su pueblo se reunían. ¡Aleluya!

 

Dios siempre ha querido habitar en medio de su pueblo, juntarse con su pueblo, tener compañerismo con su pueblo. Lo hizo allá bajo el Antiguo Pacto morando en un tabernáculo cubierto de pieles de carneros, y tejones.  Así fue establecido por Dios. Dios le dijo a Moisés: “Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo y una cubierta de pieles de tejones encima” (Ex.26:14). 

 

Siglos después, bajo el Nuevo Pacto, Dios se proveyó de otro tabernáculo, un tabernáculo ya no cubierto con pieles de animales, sino un tabernáculo cubierto con piel humana, un tabernáculo semejante a nosotros ¿Para qué? Para tener compañerismo con nosotros. Por eso se Dios se hizo carne, para tener compañerismo con sus hijos que estaban también en carne. ¿Qué es eso? Emanuel, Dios con nosotros. Dios habitando en carne como nosotros,  en medio de nosotros,  para mostrarnos toda Su Gloria, toda Su Justicia, todo Su Misericordia, y toda Su Verdad. Aleluya.

 

Aquello que fue tipificado en el Antiguo Pacto se hizo realidad en Cristo Jesús.  Aquella Gloria Shekinah que habitó en medio de Israel, ahora se estaba cubriendo, ya no con pieles de carneros y tejones, sino con piel humana.  Por eso Juan en su Evangelio, hablando de Jesús,  dijo: “En el principio era el Verbo,  y aquel Verbo era con Dios, y aquel Verbo era Dios… Y el Verbo se hizo carne  (se vistió de piel humana) y vimos Su gloria (¿Qué Gloria? La Gloria Shekinah),  gloria como el Unigénito del  Padre  lleno de gracia y verdad”.

 

¿Qué está diciendo Juan? Que otra vez Dios habitó en medio de su pueblo mostrando toda Su Gloria y Verdad! ¡Otra vez el Santuario de Dios  en la tierra! ¡Otra vez la Shekinah morando en un Tabernáculo! ¡Jesucristo! ¡Emanuel! Dios con nosotros. Dios hecho carne. He ahí el verdadero Tabernáculo de Dios. ¡Aleluya!

 

Dice el profeta en el Libro de las Edades de la Iglesia:

“Volvamos a la Biblia para ver lo que Él era en el principio,  según la revelación que El dio de Sí mismo.  El gran Jehová pareció a Israel en una Columna de Fuego.  Como el Ángel del Pacto, Él vivió en esa Columna de Fuego y guio a Israel diariamente.  En el Templo, El anunció Su venida con una gran nube.  Entonces un día Él fue manifestado en un cuerpo nacido de una virgen, el cual fue preparado para El.  El Dios que moró sobre las tiendas de Israel, ahora moró en una tienda de carne, y vivió como un hombre entre los hombres; pero Él era el mismo Dios”.  Aleluya.

 

Dios estaba en Cristo. En Él moró la plenitud de la deidad corporalmente. Dios otra vez tabernacularizado, pero ahora cubierto de piel humana, para vivir como un hombre en medio de los hombres. Un misterio ciertamente, pero real y verdadero. ¡Dios fue manifestado en carne! ¡Emanuel: Dios con nosotros! ¡Jesucristo, el verdadero Dios hecho carne! ¡Aleluya! ¿Cuántos aquí lo alaban? ¿Cuántos aquí glorifican Su Nombre?

 

Por eso  el Tabernáculo se hallaba en medio de la Congregación de Israel, para tipificar ese gran misterio que se revelaría, siglos después, en Cristo Jesús.  Pablo lo llamó el misterio de la piedad: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timot 3.16). Capte eso. No es que Él tomó apariencia de carne, no señor. Él se hizo carne. ¿Quién? ¡Dios mismo! No una segunda persona (como enseñan los trinitarios). No existe eso en la Biblia.  Pablo dijo: “Dios fue manifestado en carne”. El mismo Jehová que moró en una tienda en medio de Israel, ahora está morando en una tienda de carne, viviendo como hombre, en medio de los hombres, pero sin dejar de ser Dios.  He ahí el misterio de la Piedad.

 

Hoy el hombre puede volver al Compañerismo con Dios. El precio ha sido pagado. Sangre Emanuel ha abierto el camino. ¿Deseas tú hermano volver  a esa unidad perfecta que tenía Adán  con Dios. Los ángeles que impedían al hombre entrar, se han puesto a un lado, y ahora están llamando a todos  a venir y comer del Árbol de la Vida y vivir para siempre. Aleluya.

 

Pero hay etapas que pasar, hay un camino que recorrer para alcanzar el Compañerismo perdido.  Dios tipificó ese camino de vuelta,  en la manera como un israelita se acercaba al Tabernáculo de Reunión. Allí está escondido en figuras y tipos ese misterio.

 

Por un momento usemos nuestra imaginación, y demos un paseíto por el Tabernáculo… Ud. sabe, el Tabernáculo que Dios mandó edificar a Moisés tenía un Atrio, una especie de patio que estaba delante del Tabernáculo. Y alrededor de Atrio y el Tabernáculo había un cerco de lino rodeando todo rectangularmente. Para entrar al Atrio había una puerta,  una puerta muy amplia de 9 metros de ancho por 2.25 de alto. Ya dentro del Atrio, nos encontramos con el Altar de Bronce donde los sacrificios eran traídos para ser ofrecidos a Jehová. Luego hallamos la Fuente de Bronce, donde los sacerdotes se lavaban para poder ministrar. Use su imaginación. Véalo por un momento… Luego de recorrer el Atrio,  frente a nosotros se yergue  el Tabernáculo, el Santuario de Dios en sí.  Y lo primero que observamos es que hay otra puerta allí, otro velo (una especie de cortina, que hace de puerta). Cruzando ese velo nos hallamos en el Lugar Santo. Allí adentro encontramos el Candelabro de Siete Brazos y también la Mesa y los Panes de la Proposición, lo cual solo le era permitido a los sacerdotes comer… Ahora avancemos un poco más en nuestro paseo por el Tabernáculo. Luego de recorrer el Lugar Santo hallamos otro velo, otra puerta, la cual nos conduce a la segunda parte del Tabernáculo: el Lugar Santísimo, el lugar más sagrado del Santuario, el lugar de más intimidad con Dios. Allí solo se podía entrar una vez al año, y no cualquiera, sino solo el Sumo Sacerdote, y no sin sangre. Allí dentro del Lugar Santísimo  hallamos el Arca del Pacto, una especie de cofre de madera forrado  por dentro y por fuera con oro, el cual contenía las dos tablas de ley, la urna de oro que contenía una porción  de maná que jamás se malograba,  y la vara  de Aarón que cada año reverdecía. Allí  en ese lugar descendía la Shekinah, y el hombre se encontraba con Dios. Allí en ese Lugar el Compañerismo era restablecido. No en el Atrio Exterior, no en el Lugar Santo, sino en el Lugar Santísimo. ¡Aleluya!

 

Hallamos entonces que habían tres velos. El primer velo conducía al Atrio. El segundo velo conducía al Lugar Santo. Y el tercer velo conducía al Lugar Santísimo, donde Dios hacía morada.  Esos tres velos tenían que ser rasgados para encontrarse con Dios. No había manera como llegar al Lugar Santísimo si no se cruzaban esos tres velos.  He ahí el recorrido del creyente en su acercamiento a Dios. Tres Etapas de Acercamiento: Del mundo al Atrio, Del Atrio al Lugar Santo y del Lugar Santo al Lugar Santísimo.  ¡Aleluya!

 

Ud. sabe todo se perfecciona en Tres. Ud. es perfeccionado en Tres (cuerpo, alma y espíritu). Lo mismo fue con el tabernáculo, se perfeccionó también en tres.

 

Dice el profeta en el mensaje “Una Vida Escondida” (06 Octubre de 1955)

48  Nos damos cuenta que en el Antiguo Testamento bajo la ley Mosaica, encontramos allí....

49 Cualquier lector  lo sabe,  allí había  dos compartimentos  y una congregación en el arreglo del tabernáculo de Dios en el desierto. El primero era para  la congregación, luego venía el lugar santo, y  luego el lugar Santísimo.  Esa es la Casa de Dios; ese es el lugar de morada de Dios. Ese es el lugar en el que Ud. mora.

50 Ahora, Uds. sólo viven en una casa de tres habitaciones, recuerden. Pueda que Uds. tengan dos recámaras; pueda que Uds. tengan tres cocinas, pero Uds. sólo viven en una casa de tres habitaciones.  

Dios vivió en una Casa de tres habitaciones. Cuando Dios estuvo aquí en la tierra, Él ocupó una Casa de tres habitaciones: el Alma, el Cuerpo, y el Espíritu de Jesucristo.

51 En el templo temporal Él  estaba en una congregación, un lugar santo, y un lugar Santísimo. Cada uno de ellos estaba separado uno del otro, y cada uno tenía un mobiliario diferente en él para señalar el lugar de morada, un tipo muy hermoso de la Iglesia. El pecador entra primero a la cocina, por así decir; la cocina es en donde Uds. comen. La sala es en donde Uds. conversan. Y la recámara es en donde Uds. descansan… ¿Ven?”.

 

¿Se da cuenta Hermano? Hay tres velos que cruzar. Hay tres etapas que pasar. Y eso nos habla de las tres etapas del recorrido del creyente en su acercamiento a Dios: Justificación, Santificación y Bautismo con el Espíritu Santo….. Solo entonces cuando hayamos llegado al Lugar Santísimo descansaremos de nuestras jornadas, sabiendo que Plena Redención vendrá por nosotros. 

 

No tema,  si Ud. ha llegado a su Tercera etapa, Ud. puede estar seguro;   Ud. puede descansar, sabiendo que el Espíritu Santo le ha sido dado como un sello para el día de la Redención. No importa entonces lo que venga en contra de Ud.,  Ud. de todas maneras llegará a Plena Redención.  Nada ni nadie podrá impedir que Ud. llegue a su destino eterno, si Ud. ha sido sellado con el Espíritu Santo de la Promesa.

 

Pablo lo dijo: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Ef. 4.30). ¿Por qué temer entonces?  Cuando  Dios sella un vagón, no hay demonio que pueda impedir que ese vagón llegue a su destino eterno;  ese vagón  pasará por muchas travesías, ciertamente, pero al final llegará a plena redención.

 

Lo mismo que Ruth, la moabita. Ella pasó por muchas travesías, pero al final Booz vino por ella, y le trajo Plena Redención.  Ella tuvo que pasar por tres etapas, para que Booz pudiera llevarla a su Palacio.  Ella pasó su primera etapa cuando decidió venir a Belén. Luego ella pasó una segunda etapa, cuando empezó a trabajar recogiendo espigas  en el campo de Bozz.  Luego ella pasó por  una tercera etapa,  cuando Booz le extendió su capa, y le dio su Palabra que vendría por ella para darle Plena Redención.  Fue entonces cuando  Booz le dijo: “Descansa”. No cuando Ella entró a su primera etapa, no cuando ella entró a su segunda etapa, sino cuando ella vino a la tercera etapa. “¡Descansa Ruth, puedes estar tranquila!”.  Ella ahora no tenía qué temer a nada. Ella ahora podía descansar segura  y tranquila.  Booz le había dado su Palabra que vendría al día siguiente  para darle Plena Redención. ¿Se da cuenta Hno? Ruth tuvo que pasar también por Tres Etapas: Ruth decidiendo, Ruth Trabajando, y Ruth Descansando. Al día siguiente vino Booz y la llevó a su Palacio: Ruth Recompensada, la Cuarta Etapa, todo lo perdido le fue restaurado. ¿Qué es eso?  Plena Redención, La Adopción de los hijos de Dios. Aleluya. 

 

Ahora bien, volviendo al tipo del Tabernáculo, dice el profeta que para acercarnos  a Dios, hay que rasgar primero el velo que llevamos dentro de nosotros. ¿Qué velo?  El velo de nuestra voluntad propia. Ese velo tiene que ser rasgado ¡Tú tienes que decidir entrar! ¡Tú tienes que quererlo! Solo entonces podrás estar en condiciones de iniciar tu caminata en tu acercamiento a Dios. Puede que tus padres te estén insistiendo entrar,  puede que tu esposa hasta haya llorado suplicándote entrar. Pero tú tienes que quererlo, tú tienes que decidir entrar. De lo contrario no funcionará.

 

Dice el profeta en el mensaje “Apocalipsis Capítulo Cuatro, Parte II” (01 Enero de 1961):

“¿Están listos?  El velo es llamado "voluntad propia". ¿Captan Uds. el cuadro ahora?  Los sentidos allí afuera, los  sentidos  en el cuerpo  y  los  sentidos del alma,   y  el velo entre eso  y  el  lugar santo,  el  lugar Santísimo.

¡Y  la única manera  en que Uds.  pueden entrar allí  es tener  voluntad  propia! … ¿Qué?  ¿El que da la mano?

¿El que es sumergido? ¿El que se une a la iglesia?  ¿El que presenta su carta?  ¡No! ¡No!  "El que quiera entrar más allá del velo".  

 

Yo le pregunto en esta tarde ¿Está Ud. decido? ¿Quiere realmente acercarse a Dios? ¿Quiere entrar más allá del velo?  Hay tres velos que cruzar. Rasgue entonces su voluntad, ¡Decídase!  ¡Cruce el Primer y venga al Atrio! Eso es lo primero que hay que cruzar  en nuestro acercamiento a Dios

 

Ahora, allí dentro del Atrio se hallaba el Altar de Bronce, donde los sacrificios eran traídos para ser quemados.  Vaya al Antiguo Testamento y verá que cada vez que un israelita pecaba, venía al Atrio trayendo un cordero como ofrenda para la expiación de sus pecados.  El israelita venía al Sacerdote y  le decía: “He robado, he dado falso testimonio, he herido a mi prójimo,  pero he traído este cordero  sin defecto para la expiación de mis pecados”.  Y mientras decía eso, él ponía su mano sobre la cabeza del cordero,  como señal de que sus pecados estaban pasando a esa inocente criatura. El Sacerdote entonces tomaba un cuchillo especial y procedía a degollar al  cordero. Allí, en ese momento, el pecador podía sentir como se iba la vida de esa inocente criatura,  él podía sentir los  temblores del cuerpo de aquel animalito,   él podía oír su agónico balido antes de morir. Allí, en ese instante, el pecador comprendía que ese cordero moribundo  y sangrante estaba tomando su lugar.  Una vida estaba siendo ofrecida para que otra no pereciera. Un sustituto estaba tomando el lugar del pecador. (Oh hermano, ¿No puede Ud. ver allí  a Cristo? Él tomó nuestro lugar, él se hizo pecado por nosotros. Él murió para que nosotros no muriéramos. El justo por los injustos para llevarnos a Dios). 

 

Ahora bien, luego que el cordero era degollado, el  sacrificio era traído al Altar de Bronce donde era quemado y ofrecido en  holocausto.   Así se hacía  expiación por los pecados,  y el infractor era perdonado. No había otra manera como un israelita pudiese alcanzar perdón, él tenía que cruzar el primer velo, él tenía que entrar al Atrio y ofrecer un cordero como ofrenda por el pecado. Un cordero tenía que morir en su lugar. ¿Por qué? Porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados.  Una vida tenía que ser cortada para que otra se salve… ¡Oh Dios, nada bueno hay en mí, pero traigo delante de ti un cordero perfecto para que muera en mi lugar!

 

Tenía que haber muerte,  así  lo demandaba la justicia divina:  “La paga del pecado es muerte” (Rom 6:23). Si el hombre pecó, él debía de morir.  Solo había una manera, según las leyes de Dios,  como un pecador podía vivir ¿Cómo?  Por medio de un Sustituto que muriese su lugar.  Un ser inocente tenía que sufrir el castigo que él merecía, para que él sea sin castigo. Una vida tenía que morir en su lugar,  y ser puesta en el Altar de Bronce para ser consumida por el fuego del juicio de Dios.

 

Eso muestra que Dios no puede pasar por alto el pecado. El pecado tenía que ser juzgado, porque si el pecado no es juzgado entonces la Justicia y Santidad de Dios no valdrían ni un centavo. Todo pecado es una ofensa a la Santidad de Dios, y Dios como juez justo  está llamado a juzgar y castigar  el pecado. El bronce habla de eso. El bronce habla del juicio de Dios al pecado.

 

Pero recuerde, Dios también es Amor, y por ser Amor Él proveyó una manera de salvar a sus hijos. Él proveyó de sacrificios y ofrendas para perdón de los pecados.  Sin embargo, esas ofrendas y sacrificios que se ofrecían no eran perfectos, porque la sangre que se ofrecía era sangre animal. Esa sangre no podía quitar los pecados, ni hacer perfectos a los que lo ofrecían, pues los que practicaban este culto seguían teniendo conciencia de pecado y continuamente venían para presentar nuevas ofrendas por sus pecados.

 

Así está escrito: “Pero la ley, teniendo la sombra de los vienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya mas conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados, porque la sangre de los toros y machos cabríos no pueden quitar los pecados” (Heb.10:1-4).

 

¿Se da cuenta Hermano? Esos sacrificios que se ofrecían bajo el Antiguo Pacto solamente eran un tipo, una sombra del verdadero sacrificio que Dios iba a proveer más adelante:  Una ofrenda perfecta,  un sacrificio perfecto que quitaría toda conciencia de pecado en el creyente. ¿De qué sacrificio estoy hablando? Del sacrificio de Cristo. Un Cordero perfecto ofreciéndose en sacrificio perfecto,  para quitar todo rastro de pecado en nosotros. Aleluya.

 

Juan el Bautista dio testimonio de ese Cordero. Cuando él vio a Jesús, caminando por las orillas del rio Jordán,  él le dijo a sus discípulos: “He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Solo ese Cordero podía quitar los pecados del mundo. Solo ese Cordero podía traer un sacrificio perfecto.  La vida de un animal no podía traer eso, tenía que venir  un Hombre perfecto, Emanuel, Dios con nosotros, el Cordero perfecto. Aleluya.

 

Pablo dijo: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados, pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos a los santificados” (Heb.10: 10-14)

 

¿No lo ama usted por eso? Los sacrificios que se ofrecían bajo el Antiguo Pacto no podían quitar los pecados, pero el Sacrificio de Cristo, no dejó rastro de pecado en nosotros. Fue tan perfecta esa ofrenda que bastó que se ofreciera una sola vez para hacer perfectos a los santificados.   ¿No se goza Ud. por eso?  Ud. ya no tiene porqué seguir cargando sus pecados, una ofrenda perfecta ha sido ofrecida dos mil años atrás para que sus pecados sean lanzados al mar del olvido, y Ud. sea hallado justo delante de Dios.

 

Pero hay que decidirse, hay que rasgar el velo. Usted tiene que rendir su voluntad y  aceptar por fe ese Sacrificio como la única ofrenda provista por Dios para perdón de sus pecados. Yo lo invito a cruzar el primer velo, venga al Atrio y mire por  fe el  Altar de Bronce donde Cristo fue ofrecido como sacrificio una vez para siempre. Mire al Calvario, mire esa cruz, allí fue juzgado el pecado, para que Ud. sea sin pecado;  allí el más duro castigo cayó sobre Cristo, para que Ud. sea sin castigo.  Allí el Justo se hizo injusto, para que nosotros seamos hechos la Justicia de Dios.  ¡Decídase amigo! ¡No espere más! Venga por Fe al Atrio y con un corazón contrito ponga sus manos sobre la cabeza del Cordero Sangrante, reconociendo que Ud. es culpable y necesita de Cristo como su Ofrenda para la expiación de sus pecados.

 

Ud. no puede venir con las manos vacías. Ud. necesita presentar un becerro, Ud. necesita de un sustituto que tome su lugar,  para que sus pecados sean perdonados y se libre del Juicio Divino.  Ud. no puede venir con las manos vacías.  Ud. tiene que traer algo.  Allá por ejemplo, en  el Antiguo Pacto había que traer una ofrenda para la expiación de los pecados. Había que traer un becerro, o un macho cabrío. Hoy  la cosa no ha cambiado. Ud. tiene que venir también  trayendo una ofrenda para que sus pecados sean expiados. ¿Qué ofrenda? La que Dios proveyó  para Ud. hace dos mil años atrás. Esa ofrenda fue tan perfecta que sigue siendo efectiva hoy, tan efectiva que puede quitar de Ud. toda conciencia de pecado,  y hacerlo perfecto delante de los ojos de Dios.

 

¿Qué está esperando? Vaya por fe al Calvario y tome ese Cordero sangrante,  y con un corazón contrito dígale a Dios: “Señor he pecado contra ti, he hecho lo malo delante de tus ojos. Merezco la muerte Señor, pero aquí traigo como sustituto un Cordero Perfecto que ya fue inmolado por mí en la Cruz del Calvario. Acepta esta ofrenda Señor, y perdóname”.  Oh hermano, si Ud. hace eso de corazón, no importa que  tan sucios  sean sus pecados,  cuando acabe el Culto,  Ud. saldrá más blanco que la nieve. Sí señor.

 

Ahora, yo quiero que note que la Puerta que conducía al Atrio Exterior, era una puerta muy ancha. Se hallaba al oriente y estaba formada por una cortina que medía  2 metros y medio  de alto, por 10 metros de ancho aproximadamente. Era una Puerta muy amplia y espaciosa, lo cual nos habla de cómo Dios en su amor, ha extendido ampliamente sus brazos para acoger a todo aquel quiera alcanzar misericordia. Era una puerta de Amor y Gracia, una puerta amplia en misericordia para acoger a todo  pecador, sin importar  su condición.

 

Dios no quiere que nadie se pierda, Dios quiere que todos los hombres se arrepientan y se salven (1Tim 2:3). Por eso la invitación divina es universal: “Venid a mí, TODOS los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mat 11:28). No importa quién seas tú (budista o musulmán, protestante o católico). No importa que tan bajo hayas caído (drogas, homosexualismo, hechizería) si quieres venir, puedes venir y alcanzar misericordia. Escrito Está: “El que tiene sed, venga;  y el que quiera, tome del agua de la vida  gratuitamente” (Ap. 22.17). 

 

¿Cómo  rechazar  entonces entrar por esa puerta  espaciosa de amor y gracia?  ¿Cómo rechazar  salvación tan grande? Dios nos ha provisto de una puerta tan espaciosa que cualquier persona pueda entrar sin dificultad. El Cordero ha sido provisto. El sacrificio ya ha sido efectuado. Ud. ahora solo tiene que creer, y aceptar ese Cordero como la única ofrenda provista para que sus pecados sean borrados.

 

Como dice un canto antiguo que a veces cantamos:

“En mis pecados fui a Jesús

Mostréle mi dolor.

Perdido, errante, vi su luz

Bendíjome en su amor.

 

En la cruz, en la cruz, do primero vi la luz,
Y de mi alma toda mancha  lavé.
Fue allí por fe do vi a Jesús,
Y siempre feliz con Él seré… Aleluya, Aleluya, Bendito el Señor.

 

Ahora fíjese hermano,  no vaya Ud. a pensar que se requería vestiduras especiales para que un israelita pudiera entrar al Atrio. No señor, uno podía entrar con la ropa que llevaba puesta. Tampoco se requería que estuviese ungido con perfumes especiales. ¡No señor! Él podía entrar sin importar en qué condición estuviese.  Él podía entrar oliendo a pecado, sucio y maloliente, y no morir. ¿Por qué? Porque  el Atrio fue hecho para asistir a los pecadores; el Atrio  fue hecho para acoger a todo aquel que quería expiar sus pecados. 

 

Ud. sabe, un hospital no ha sido hecho para asistir a los sanos. Un hospital ha sido hecho para asistir a los enfermos. Esa es la razón de ser de todo hospital. Por eso aquí en el Perú, y en otras naciones,  todo hospital público o privado está obligado por ley a brindar asistencia a todo enfermo que acuda a él en casos de emergencia, sin importar si el enfermo está asegurado o no.  Un hospital no puede negar su propia razón de ser: asistir a los enfermos.

 

Lo mismo es espiritualmente. La Iglesia es un hospital. Ella ha sido puesta por Dios aquí,  para asistir a todo aquel que esté padeciendo alguna enfermedad del alma. Ella no puede cerrar sus puertas a los pecadores. Ella tiene que auxiliarlos cuando vengan clamando por ayuda.  No importa que tan enfermos estén, allí es cuando más necesitan ellos ser auxiliados.

 

Pareciera que muchos han olvidado de dónde el Señor los sacó. La iglesia no está compuesta de gente que jamás ha pecado. La iglesia está compuesta de gente pecadora, que fue salvada y transformada por la Gracia y el Poder de Dios.  Por eso Pablo cuando escribió su carta a los Corintios dijo:

 

¿No  sabéis  que  los  injustos  no  heredarán  el  reino de  Dios?  

No erréis;  ni  los fornicarios,  ni  los idólatras,  ni los adúlteros, ni los afeminados,

ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros,

ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Y ESTO ERAIS ALGUNOS; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,

ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

 

Aleluya. ¿Se da cuenta Hermano? Muchos creyentes en la iglesia de los Corintios, habían sido estafadores, borrachos, homosexuales, pero fueron lavados y santificados por el Espíritu de Dios. Fueron cambiados. Eso prueba que a los ojos de Dios,  una persona santa no es aquella que jamás pecó; una persona santa es aquella que habiendo sido pecadora fue lavada y libertada por el Poder de Dios. Aleluya. 

 

No sea entonces como los fariseos del tiempo de Jesús, ellos se escandalizaron cuando vieron a Jesús comer con los publicanos y pecadores.  Ellos  le dijeron a los discípulos: “¿Por qué vuestro Maestro come con los publicanos y pecadores? ¿Por qué no los echa? Si fuera realmente profeta,  él no permitiría que esa gente pecadora se le acerque”. Dice la Biblia que Jesús al oír esto, les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9: 12-13).  Aleluya.

 

Deje entonces que vengan los pecadores a la iglesia. Deje que vengan los borrachos. Deje que vengan los ladrones. Deje que vengan los homosexuales. Deje que venga el más sucio pecador a la iglesia. No le cierre la puerta. Todo lo contrario, abra las dos hojas de la Puerta para que la entrada se tan amplia, como la Puerta del Atrio.

 

Yo sé que muchos están sorprendidos con lo que estoy diciendo. Alguno quizás esté diciendo: “Hno Juan, Ud. siempre está golpeando duro al pecado, y siempre está llamando a la iglesia a vivir  una vida santa y consagrada al Señor. ¿Cómo puede ahora decirnos esas cosas?”.  Yo sé de lo que estoy hablando ¡Deje que venga el más sucio pecador a la iglesia! No para consentir el pecado, de ninguna manera, sino para tratar al paciente. Primeramente lo desinfectaremos con la Sangre de Cristo, luego lo operaremos con el bisturí de la Palabra, entonces pondremos un espíritu nuevo y un corazón nuevo dentro de él. Luego le aplicaremos la receta del Doctor Pedro, la receta de Hechos 2:38 para que reciba el Espíritu Santo, entonces el paciente estará completamente sano, y de allí en adelante será inmune a toda enfermedad.  Aleluya, Gloria a Dios.

 

Ud. tiene que entender que hay etapas en el caminar de un cristiano. Una es la Etapa del Atrio, otra es la Etapa del Lugar Santo, y otra es la Etapa del Lugar Santísimo. Yo estoy hablando aquí  de la primera etapa, estoy hablando del acceso al Atrio. Un lugar que fue establecido para asistir a los pecadores. Un lugar que fue establecido para expiar los pecados de los hijos de Israel.

 

Muchos predicadores pareciera que no entienden que hay etapas en la vida de un cristiano, y como cada una de ellas tiene su tiempo y su sazón.  He visto a muchos de ellos como le hacen tan difícil a la gente acceder a Atrio que muchos prefieren no entrar por temor a fallar.  En vez de llevarlos primeramente al Monte Calvario, para mostrarles como Cristo murió por ellos, los llevan al Monte Sinaí para ordenarles que obedezcan no diez, sino mil Mandamientos. “No Hurtes”, “No Mientas”, “No adulteres”, “No seas grosero”, “No Fumes”, “No bebas”, “No bailes”, etc., etc. Les leen una lista inacabable prohibiciones, que el pobre hombre sale del culto temblando de miedo.

 

Todavía no nace la criatura, y ya quieren que corra  la maratón olímpica, y sea el  ganador. Espere hermano, sea sabio y paciente, llegará el momento cuando el creyente tendrá que correr la maratón, pero cada cosa tiene su tiempo.

 

Esto me hace recordar lo que me pasó cuando era un niño. Yo criaba gallos de pelea en la azotea de la casa de mis padres. Resulta que una gallina se había echado, y ya habían pasado como 19 días de eso. Yo estaba muy  emocionado,  yo  ya quería ver  a los pollitos  saltando y brincando. Así que subí a la azotea,  miré los huevos, y vi que aún no salía ningún pollito.   Tomé entonces una piedrita y rompí la cascara de un huevo.  Allí dentro estaba un pollito, estaba vivo, pero se veía muy mal,  a los pocos minutos el pobre pollito murió. No se había completado su etapa de crecimiento. Mi intención fue buena, yo quería ayudar, pero por mi falta de paciencia acabé matando a un pobre pollito. Espero que me perdone el pollito  en el Día del Juicio.   Oh hermano, desde ese día entendí que hay que esperar 21 días para que los pollitos salgan de su cascara.

 

Dios ha establecido un tiempo para todo en su creación. Hay un tiempo cuando hay que sembrar, y otro tiempo cuando hay que cosechar.  Hay un tiempo cuando somos Jacob, y otro tiempo cuando somos Israel. Hay un tiempo de Instrucción y hay un tiempo de Graduación. Hay un tiempo para estar en la cáscara, y otro tiempo para salir de la cáscara.

 

Yo espero que me entienda hermano. Hay etapas y cada etapa tiene su tiempo y su sazón. No podemos  adelantarnos, ni retrasarnos porque entonces lo estropearemos todo.  Deje que el pollito siga madurando dentro del huevo,  no intente romper la cascara antes de que haya llegado el tiempo. No cometa el error que yo cometí.  Suelte la piedra entonces,  y deje de golpear la cascara del pobre pollito. Lo que tiene que hacer Ud. es mantener la atmosfera caliente que rodea al pollito hasta que llegue el tiempo de salir de la cáscara. Entonces, cuando haya  llegado ese tiempo, hay que animar al pollito,  hay que alentarlo  para que sea él quien  rompa la cáscara que lo envuelve: “¡Dale pollito! ¡Tú puedes! ¡No te desanimes! ¡Sigue golpeando! ¡Sigue picoteando! ¡Habla la Palabra!  ¡Esa cáscara tiene que romperse!  ¡No te des por vencido!  ¡Tu tiempo ha llegado pollito! ¡Habla la Palabra, y Dios la pondrá por obra! Aleluya.

 

Hay que conocer entonces los tiempos, y saber actuar tomando en cuenta esos tiempo. Si Ud. está alejado de Dios, viviendo fuera del Santuario de Dios, lo primero que Ud. tiene que hacer es entrar al Atrio, entrar por esa Puerta amplia y espaciosa para que pueda saborear lo dulce del perdón divino.

 

Dios ha hecho una Puerta para que todo pecador pueda entrar y alcanzar misericordia.  Jesús dijo: “Yo soy la Puerta, el que por mí entrare será salvo”.  ¡Ve? Hay una Puerta. No es su Iglesia. No es María. No es el Papa. Cristo es la puerta. No dilate más el tiempo. Muy pronto esa Puerta se ha de cerrar, será entonces demasiado tarde para venir, la misericordia de Dios se habrá agotado, y solo quedará el lloro y el crujir de dientes. ¡Decídase! Rasgue el velo de su voluntad,  y venga a Jesucristo y alcanzará misericordia.

 

No sea fronterizo, no se quede aún lado de la puerta,  entre por la Puerta. He visto a muchas personas que pasan por la vereda, y al escuchar que se dice algo desde aquí,  se detienen,  se acercan a la puerta, y allí están escuchando por unos minutos la Palabra; pero luego se van y ya no vuelven más. Hasta allí  llegaron, hasta la puerta,  no quisieron avanzar más. Lo mismo sucede hablando espiritualmente,  mucha gente oye de Cristo, se acerca a la Puerta pero solo hasta allí llegan.  No quieren rasgar el velo. No quieren rendir su voluntad. No quieren entrar al Atrio. ¿Por qué? Porque aman las tinieblas de afuera. Aman el mundo y sus deseos. Aman el brillo de Hollywood y su moda inmunda.  Aman las discotecas,  con sus bailecitos y  borracheras. Aman los paseítos a la playa para quitarse sus ropas y mostrar su desnudez. Aman el hacer yugo con las hijas de Jezabel y los hijos de Elvis Presley.  No sea Ud. como ellos. No se quede en la puerta ¡Decídase y entre! ¡Rasgue su voluntad! Dios no quiere simpatizantes. Dios no quiere creyentes fronterizos. Dios quiere creyentes decididos a todo con tal de saborear Su Amor y Gracia.

 

Solo hay dos opciones frente a Ud. ¿O está adentro, o está afuera? ¿Qué  decisión tomará?  Si Ud. está harto de Sus pecados, y no quiere más cargos de conciencia, entre entonces y será perdonado. Pero si  Ud. se siente feliz  viviendo una vida libertina y pecaminosa, permanezca entonces en las tinieblas de afuera, lejos de Dios y  de su Misericordia.

 

¿Qué decisión tomará? No me diga: “Hermano Juan  yo quisiera entrar, pero no puedo hacerlo, porque si lo hago, todos me darán la espada”. Yo preferiría que todos me den la espalda, con tal de alcanzar el perdón de Dios.  ¿Acaso vale más  para Ud. el aprecio del mundo, que el perdón divino? Los aplausos y las palmaditas en la espalda jamás podrán alejar sus pecados de los ojos de Dios.  Pero si Ud. entra al Atrio, y por la Fe toma a Cristo como Su ofrenda Expiatoria, sus pecados serán borrados, y cuando Dios lo mire, no verá más pecado en Ud.  El diablo dirá “¿Qué pasó? ¿Dónde están sus pecados?”.  Dios dirá: “Se fueron al mar del olvido. Ya no hay pecado en ellos”.  Aleluya. Bendito el Señor  ¿Cómo rechazar salvación tan grande? ¡Decídase hermano! No se quede en la puerta. Entre y hallará pastos para su alma.  

 

Pongámonos de pie para orar al Señor….

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este mensaje fue predicado por el Hermano Juan Saenz  en el mes de  Mayo del año 2005

Correo electrónico: yo_restaurare77@hotmail.com

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